miércoles, 11 de diciembre de 2013

Síntesis final

Lo difícil de hacer una síntesis, es que en cierta forma, siento que es una tarea que ya hice alguna que vez a lo largo del curso; de modo que esta sería una “síntesis de las síntesis”. Es decir, tendría que decir algo que ya dije, pero con “algo más”.
Entonces me hice la siguiente pregunta: supongamos que alguien me dijera: “Respondé lo más rápido posible sin detenerte a pensar y sin usar términos técnicos: de las herramientas aprendidas en el curso ¿cuál aplicarías ya mismo y por qué?
Lo primero que me vino a la mente fue “Formularios”. Armar formularios sencillos y enviarlos con frecuencia me proporciona una retroalimentación muy rápida y sencilla.
¿Y por qué querría eso? Para evaluar. Mi propia respuesta me dice poco, y además, es técnica; debería poder decir eso con mis propias palabras. Entonces, la frase que me vino a la mente fue “Conocer más a los alumnos”.
Y ahí me di cuenta de que lo que busco con evaluar, más allá del contenido, es conocerlos un poco más. La realidad es que de mis alumnos conozco lo que ellos “dicen” en los exámenes, y algo de quienes alguna vez se animan a hablar un poco, que es poco y nada: A veces creemos saber algo de ellos pero también hay mucho de prejuicio o sacamos conclusiones con muy poca base. Lo cierto es que ignoro sus ideas previas, qué es lo que más le cuesta/no les cuesta; les gusta/no les gusta. Si en la clase la pasan bien o se aburren. Si hay temas que los entienden y hay otros que piensan que no los van a entender en su vida. Es decir, lo mismo que nos pasaba a nosotros cuando éramos estudiantes.
Quizá muchos no se animen a responder ese tipo de preguntas por temor (“¿Cómo le voy a decir al docente que un tema me aburre?”, se dirá más de uno) pero mi esperanza es que si se hacen encuestas frecuentes, estas se convertirán en rutinarias y los alumnos se soltarán más y perderán el miedo).
Para cerrar, resumo esta síntesis diciendo que me interesa lograr una retroalimentación fuerte para conocer mejor a los alumnos; para mejorar la enseñanza.




viernes, 6 de diciembre de 2013

Opiniones sobre la rúbrica de evaluación del portafolio

Como señalé en una entrada anterior, confieso que cuando conocí una rúbrica (sin saber que era una rúbrica) en el Plan de acción del curso, al ver tantas categorías y tanto texto en cada casillero, le tuve cierta aversión y me dije: “esto es para más adelante, ya se verá luego”.

Ahora reconozco que las rúbricas son útiles, y sin embargo, la primera reacción espontánea que tuve al volver a dirigirme a la del curso, es que si la leo en detalle para ver “qué debo hacer”, me quedaría paralizado y no sabría por dónde arrancar.

Es cierto que puede haber parámetros de la rúbrica que no se entienda a qué apuntan, y sin embargo, uno los esté realizando correctamente sin darse cuenta. También hay algunos puntos que no me convencen, por ejemplo, si el alumno “utiliza algunas herramientas” o “todas” o “en toda su complejidad” y “explora algunas no solicitadas”, me pregunto si está "mal" que uno use una herramienta para lo estrictamente necesario según sus objetivos, o debe encontrarle otros usos porque la rúbrica “lo dice”, aunque esos usos no sean relevantes para sus objetivos.

Quizá me esté complicando y estas cuestiones no tengan que ver necesariamente con la rúbrica en sí, sino que son inherentes a la difícil tarea de evaluar. Y que no hay que mirar a la rúbrica como un documento que dictamina qué está bien y qué está mal, sino como una forma de evaluar el abordaje de un alumno.


Creo que lo más sano, o al menos lo que yo me propuse hacer, es leer la rúbrica, tener en cuenta ciertas pautas, y lanzarme a trabajar sin obsesionarme tanto con ella; confiando en que durante el trabajo iré comprendiendo los puntos que no me quedaban claros.